METAeuFORiAS: Un sitio web es como un restaurante

Un artículo que compara los elementos de un sitio web (contenido, UX, diseño) con los que serían sus equivalentes en un restaurante.

Esa es la analogía que hacía el artículo Your Website – The Restaurant Analogy hace algunas semanas. El punto de partida es que las primeras páginas de resultados de Google son como esas esquinas tan bien situadas en la que todos los restaurantes quieren instalarse (lo que se conoce como SEO en el mundo de web). Y la metáfora se puede llevar más allá…

Ordenador dispuesto para la cena

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METAeuFORiAS: Los estados de la no-materia

Sólido, líquido, gaseoso… son también los estados de la no-materia. Los límites entre ellos son mucho más difusos de lo que nos enseñan los libros de texto. […] seguir leyendo en METAeuFORiAS (192 palabras)

Sólido, líquido, gaseoso… son también los estados de la no-materia. Los límites entre ellos son mucho más difusos de lo que nos enseñan los libros de texto.

Los estados de la no-materia

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METAeuFORiAS: Desarrollar software es como realizar una película

Tal como se explica en algunos artículos disponibles en la red (como este, este, o este) existen diversas similitudes entre los procesos de desarrollar un determinado software, y la realización de una película desde su concepción inicial. En esta entrada…

Tal como se explica en algunos artículos disponibles en la red (como este, este, o este) existen diversas similitudes entre los procesos de desarrollar un determinado software, y la realización de una película desde su concepción inicial. En esta entrada vamos a reunir esas analogías, así como descubrir algunas nuevas.

Rodaje grabando a un programador

 

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METAeuFORiAS: Folletos de productos: dos ejemplos de metáforas mal utilizadas

Las metáforas resultan habitualmente muy útiles para entender el funcionamiento de algo que no conocemos; y si existe un campo de la informática en el que han sido ampliamente utilizadas es en el de las interfaces de usuario; todos estamos…

Las metáforas resultan habitualmente muy útiles para entender el funcionamiento de algo que no conocemos; y si existe un campo de la informática en el que han sido ampliamente utilizadas es en el de las interfaces de usuario; todos estamos habituados ya al “escritorio” de los sistemas operativos gráficos, manejamos “ficheros”, “carpetas” y “papeleras” como si fueran objetos reales, etc.; todo ello de modo casi intuitivo, reduciendo el tiempo de aprendizaje.

Eso sí: la utilización de metáforas visuales tiene sus limitaciones e inconvenientes; forzar excesivamente la metáfora haciéndola demasiado fiel al original puede resultar ingenioso o divertido en un primer momento, pero a más largo plazo se convierte en inconveniente y de difícil manejo.

Un caso de metáfora llevada demasiado lejos el de los folletos que encontramos en comercios como Conforama o Leroy Merlin.

Folleto de Leroy Merlin

Folleto de Conforama

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METAeuFORiAS: Las metáforas definen nuestro comportamiento

No cabe duda de que continuamente utilizamos metáforas en nuestro lenguaje habitual, muchas de ellas de modo inconsciente: alguien está “hecho un toro”, o continuamente “subimos” y “bajamos” ficheros de Internet. Podría parecer que las metáforas no van más allá…

No cabe duda de que continuamente utilizamos metáforas en nuestro lenguaje habitual, muchas de ellas de modo inconsciente: alguien está “hecho un toro”, o continuamente “subimos” y “bajamos” ficheros de Internet. Podría parecer que las metáforas no van más allá de un recurso lingüístico útil en determinados ámbitos (lenguaje cotidiano, pedagógico, poético,… ) pero del que hay que prescindir a la hora de expresar el verdadero conocimiento (si es que existe tal cosa).

Por ejemplo, podemos afirmar que el matrimonio es “un acuerdo contractual”, un “juego de equipo”, “una ruleta rusa”, etc. En cualquier caso, serían expresiones que nos ayudan a entender mejor el un concepto abstracto de matrimonio que tenemos en nuestra mente, pero nada más que eso.

Aunque, ¡un momento! ¿Y si resulta que las metáforas no son únicamente una forma de expresión retórica, sino que constituyen la misma base de nuestro conocimiento? ¿Y si resulta que todo nuestro sistema conceptual, el que utilizamos en nuestro día a dia, está estructurado en forma de metáforas? Ese es el argumento fundamental que exponen Lakoff y Johnson en su libro “Metáforas de la vida cotidiana” (en inglés, “Metaphors we live by“), y que viene que ni pintado a este blog.

Portada del libro

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METAeuFORiAS: nuevo blog

A partir de ahora os invito a que leáis un nuevo blog que lleva por nombre METAeuFORiAS.es, y en el que espero publicar de vez en cuando artículos interesantes que consistan, básicamente, en una metáfora. Y por ‘metáfora’ me refiero…

A partir de ahora os invito a que leáis un nuevo blog que lleva por nombre METAeuFORiAS.es, y en el que espero publicar de vez en cuando artículos interesantes que consistan, básicamente, en una metáfora. Y por ‘metáfora’ me refiero a comparaciones entre dos elementos que puedan parecer poco relacionados, pero que tengan aspectos comunes que puedan hacerlos más inteligibles, e incluso hacer descubrimientos interesantes al aplicar lo que sabemos de uno al otro.

METAeuFORiAS

Como muestra, el ejemplo que pone la RAE en la definición de metáfora (“el átomo es un sistema solar en miniatura“) nos permite hacernos una idea de la estructura del átomo, suponiendo que conocemos la del sistema solar. Las metáforas no son nunca perfectas, ya que los elementos comparados no son idénticos, pero incluso las diferencias entre los elementos comparados permiten extraer conclusiones interesantes.

Por si no os habíais dado cuenta, esa metáfora entre un átomo y el sistema solar es la que inspira el logo de METAeuFORiAS 🙂

El primer artículo de METAeuFORiAS, que compara Google con el funcionamiento del cerebro, es una adaptación de otro que escribí en este mismo blog.

¿Por qué un nuevo blog sobre metáforas?

Tengo la impresión de que la mezcolanza de temas que tiene este blog personal hace que, a pesar de que ciertos artículos puedan resultar interesantes para un perfil determinado de usuarios, en general sea difícil que se enganchen de manera más continua al blog. De ahí el interés en crear un nuevo blog con una temática y estructura más homogéneas.

Y el tema de las metáforas me parece más que interesante, sobre todo desde una conferencia de Eduard Punset a la que asistí y en la que afirmaba que la verdadera característica que nos separa, como humanos, del resto de animales, es la capacidad de crear metáforas; y que son una herramienta poderosísima para el avance cultural y tecnológico. ¡Ah!, y también afirmaba que los informáticos son (somos) especialmente buenos en utilizar metáforas. ¿Hacían falta más motivos? 🙂

Mi primera idea fue crear una herramienta (tipo wiki) para que las metáforas fueran creadas, mantenidas y ampliadas de modo colaborativo; de ahí el proyecto Wikiphora que presenté a la beca Alzado y que, al igual que el otro proyecto que presenté (TALAIOT), dejo publicado para que, si alguien se anima a participar en su desarrollo, se ponga en contacto conmigo. La presentación se lee en un par de minutos: PROPUESTA WIKIPHORA (PDF, 104KB)

Así que creo que merece la pena un blog que explote esa capacidad de crear metáforas. Os animo a todos a que sigáis el nuevo blog, que os subscribáis a él, y que lo deis a conocer a todos aquellos que consideréis como posibles interesados. Y, por supuesto, que hagáis vuestras aportaciones a las metáforas a través de los comentarios.

Programar y escribir para la web: no tan diferentes

Leo un artículo en el blog de Ricardo Galli titulado Tratar al código fuente como un ensayo que me ha vuelto a crear una conexión entre dos temas que en principio parecen poco relacionados pero de los que se puede…

Leo un artículo en el blog de Ricardo Galli titulado Tratar al código fuente como un ensayo que me ha vuelto a crear una conexión entre dos temas que en principio parecen poco relacionados pero de los que se puede extraer alguna enseñanza común; en este caso, la programación y la redacción de textos para la web.

Código fuenteRicardo habla de un libro (Beautiful Code) y, más concretamente, de un capítulo titulado como su artículo: Treating Code As an Essay. En él se señala la similitud entre el código fuente de un programa y un ensayo, en el sentido de que, si bien en ambos casos su propósito es lo fundamental (“¿de qué se trata?”; “¿qué hace?”), no debe descuidarse el estilo en que están escritos, ya que no sirven de nada si no pueden ser interpretados por seres humanos.

A continuación rescata algunas reglas generales para escribir código de calidad:

  • Brevedad: La brevedad es una virtud, definitivamente hay un coste de lectura para el ojo humano, el código debe eliminar la información redundante
  • Familiaridad: Las personas son más conservadoras de lo que pensamos. Las curvas de apredizaje elevadas creean estrés y reducen productividad. Un lenguaje no debe obligar a los progamadores a trabajar con conceptos nuevos y complejos. No ser demasiado innovador es también una ayuda para el “código bello”.
  • Simplicidad: Si un programa es complicado de entender no puede tener belleza.
  • Separar bloques: Separar los bloques lógicos en cada función, así se facilita la lectura más rápida y en “diagonal”.
  • etc.

Inmediatamente me han venido a la memoria las reglas que da Jakob Nielsen para escribir para la web; de hecho, algunos de los puntos son prácticamente idénticos: simplicidad, brevedad, lenguaje familiar, etc. Y es que, pensándolo un poco, las situaciones no son tan diferentes:

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Patrones de software, MVC y los teléfonos móviles

Casi todos los que nos hemos dedicado en algún momento al desarrollo de aplicaciones reconocemos la importancia de mantener separados el contenido y la presentación; es decir, independizar qué hace la aplicación de cómo lo muestra al usuario. Yendo un…

Casi todos los que nos hemos dedicado en algún momento al desarrollo de aplicaciones reconocemos la importancia de mantener separados el contenido y la presentación; es decir, independizar qué hace la aplicación de cómo lo muestra al usuario. Yendo un paso más allá, el patrón MVC propone una separación del software en tres partes:

  • Modelo (model): la información con la que trabaja la aplicación (“los datos”). Habitualmente esta parte está soportada por un sistema de base de datos.
  • Vista (view): cómo interacciona el usuario con la aplicación (“la interfaz”). En una aplicación web suele utilizarse HTML y CSS.
  • Controlador (controller): las acciones que realiza la aplicación (“el comportamiento” o “la lógica”).

Esquema MVC (Model-View-Controller)

Muchos frameworks de desarrollo siguen este patrón, ya que las ventajas de esa separación son múltiples: la aplicación resulta más modular, más flexible, facilitando cambios en una de las partes sin necesidad de modificar el resto.

Por ejemplo, una aplicación desarrollada siguiendo ese patrón permitiría fácilmente cambiar el gestor de base de datos (el modelo) sin necesidad de modificar el resto de la aplicación; o desarrollar cada una de las partes de modo independiente; o acceder a la misma aplicación desde diferentes dispositivos como navegadores web o móviles, simplemente creando diferentes vistas.

¿Este patrón no queda del todo claro? ¿Sus ventajas no resultan tan evidentes? Puede que lo comprendamos mejor si establecemos un símil con algo que casi todos conocemos: la estructura de los teléfonos móviles.

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Esto es el progreso

A menudo se dice que lo importante de lo que aprendes en la universidad no son los conocimientos técnicos concretos (esos que, sobre todo en informática, se convierten en obsoletos en cuestión de meses), sino una disciplina de trabajo, una…

A menudo se dice que lo importante de lo que aprendes en la universidad no son los conocimientos técnicos concretos (esos que, sobre todo en informática, se convierten en obsoletos en cuestión de meses), sino una disciplina de trabajo, una base amplia de cultura, la experiencia…

El progreso, en una pizarraYo me quedo con unas pocas frases pronunciadas por los profesores, de esas que en el momento parecen triviales pero que tienen ocasión de volver a la memoria años después, acompañadas de un “pues sí que tenía razón, sí”.

Una de ellas fue durante una clase de Josep Miró Nicolau (catedrático emérito de la UIB y premio Ramon Llull de la Comunitat Autònoma de les Illes Balears), al que tuve como profesor de Inteligencia Artificial en diferentes años de mi Ingeniería en Informática; su mérito fue dar la mejor definición de progreso que conozco.

Durante una de sus clases, intentó escribir algo en una pizarra para apoyar su explicación. La pizarra consistía en uno de esos paneles blancos de plástico sobre los que se escribe con rotulador y, como suele ocurrir, el rotulador apenas tenía tinta. Lo intentó con un segundo rotulador de diferente color, pero tampoco escribía demasiado bien. Después de un tercer intento con otro color, sin éxito, se giró hacia nosotros, y nos dijo con tono resignado:

“¿Véis? Esto es el progreso. Antes escribíamos bien, pero con un único color. Ahora escribimos mal, pero con muchos colores.”

¿Funciona Google como un gran cerebro?

Aunque en cierto sentido podemos ver a Google como un “gran ojo” (no sólo por las imágenes que nos ofrecen Google Maps y Google Earth, sino también porque parece “ver” todo lo que se escribe en la red), lo cierto…

Aunque en cierto sentido podemos ver a Google como un “gran ojo” (no sólo por las imágenes que nos ofrecen Google Maps y Google Earth, sino también porque parece “ver” todo lo que se escribe en la red), lo cierto es que el funcionamiento de su aplicación base, el buscador, se parece más al de un inmenso cerebro.

Logo de Google con dos cerebros

Los detalles del proceso que permiten a Google ofrecer tan buenos resultados en las búsquedas no son públicos; además, según Google indica, dicho proceso se actualiza continuamente. Sin embargo, sí se conoce que la parte fundamental de ese proceso es el algoritmo PageRank, que asigna un valor numérico a las páginas publicadas en Internet; las páginas con mayor PageRank aparecen en los primeros lugares en los resultados de búsqueda aunque, como ya hemos dicho, existen otros muchos factores “no públicos” para calcular esos resultados (por ejemplo, la frecuencia de aparición de los términos buscados en la página). Sin entrar en sus detalles, lo que resulta interesante es que el algoritmo de cálculo del PageRank funciona de modo similar a como lo hacen las neuronas en el cerebro. Veamos por qué.

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