curiosidades

Historia de un tweet proactivo

Casi diez días después de mi tweet más popular, dejo por escrito algunas reflexiones que me ha provocado.

El pasado 3 de febrero no sé qué musa me inspiró este tweet:

De inmediato empecé a recibir notificaciones de que había caído “en gracia” entre la comunidad, sobre todo para mi modesto número de seguidores. A día de hoy va por los 4.900 retweets y los 3.800 likes, y todavía recibo notificaciones cada cierto tiempo de que a alguien más le ha parecido digno de mención.

Desde luego tampoco es para escribir un tratado sobre cómo triunfar en las redes sociales, pero sí me ha provocado una serie de reflexiones que me ha parecido interesante compartir con vosotros. (more…)

Y tu web, ¿es de chocolate o de fruta?

Un experimento psicológico nos ayuda a entender por qué es tan importante que nuestras interfaces sean sencillas y “no hagan pensar” al usuario.

Ocurre a veces. Después de estudiar en detalle una aplicación o un sitio web para entender bien cómo funciona y cuál es su propósito, pasas a proponer un prototipo o un rediseño de las páginas o pantallas con el loable objetivo de que sea más inteligible y fácil de usar para sus usuarios. Y entonces, alguien (habitualmente responsable del producto) dice algo parecido a esto:

  • “Bueno… Tampoco hace falta que sea tan sencillo”.
  • “Nuestros usuarios no son tontos; ya saben algo del tema”.
  • “Es que hacen falta unos conocimientos mínimos para usar esto”.
  • “No pretendemos que cualquiera pueda usar nuestro producto”.

Ante lo cual tú, que eres el “experto” en estas cosas, puedes reaccionar de dos modos: o te agarras a tu autoridad y a la máxima de hacer las cosas lo más sencillas posibles, e intentas que se tengan en cuenta tus sugerencias; o bien sufres una crisis de fe y te preguntas si realmente es necesario hacerlo todo tan sencillo, o hasta dónde tenemos que llevar aquello de “No me hagas pensar” del libro de Steve Krug.

Pues bien: en esos momentos de duda existencial viene al rescate un experimento realizado a finales de los 90 por los psicólogos de la Universidad de Iowa, Baba Shiv y Alexander Fedorikhin. (more…)

La relación amor-odio entre las interfaces y los modelos mentales

Una tira cómica pone de relieve que diseñar interfaces sencillas es, en realidad, un proceso complejo.

Si diseñar interfaces fuera algo trivial, no existirían entonces las inconsistencias de las que hablaba (o, mejor dicho, dibujaba) Mauro Entrialgo en su blog hace ya algunos meses:

Tira de Mauro Entrialgo Tira de Mauro Entrialgo

Ya véis: diseñar una interfaz no es simplemente poner botones para todas las funcionalidades del aparato, sino que debe tenerse en cuenta el modelo mental del usuario de ese sistema.

¿Y qué es el modelo mental? Pues no, no consiste en imaginarse a Adriana Lima, sino que es la imagen del sistema que tiene el usuario en su cabeza; o, dicho de otro modo, cómo cree que funciona; los problemas vienen cuando el modelo mental no se ajusta al funcionamiento real. Y todo eso teniendo en cuenta que ese modelo no depende únicamente del diseño de la interfaz, sino también de experiencias anteriores.

Por eso, el modelo mental en el caso de la televisión es sencillo y se ajusta a su funcionamiento: “quiero que el volumen esté más alto [o más bajo]: si pulso el botón ‘subir’, subirá el volumen [si pulso el botón ‘bajar’, bajará el volumen]“. Cuando el modelo mental se corresponde con el funcionamiento del sistema, no hay problemas.

En el caso del ascensor la cosa se complica un poco: “quiero ir al piso X: si está por encima, pulso el botón ‘subir’; si está por debajo, pulso el botón ‘bajar’“. Esto obliga al usuario a hacer el (pequeño) esfuerzo mental de traducir el piso al que quiere ir (su verdadera intención) a la acción de subir o bajar. El modelo mental se ajusta bastante bien al funcionamiento del ascensor, en este caso muy reforzado por experiencias anteriores. Pero si nos encontráramos por primera vez ante un panel de botones de un ascensor, ¿tendríamos claro que el botón “bajar” es para ir hacia abajo, y no para que el ascensor baje?

El caso de la calefacción es el más complejo y estoy seguro de que muchos de nosotros nos encontraríamos con problemas ante un mando así. A no ser que tengas experiencias anteriores con sistemas parecidos, el usuario podría aplicar un modelo mental similar al caso de la televisión: “quiero que suba [baje] la temperatura: si activo el sol=calor [nieve=frío], subirá [bajará] la temperatura“. Una interpretación incorrecta que, encima, será difícil de detectar debido a que la respuesta del sistema subiendo o bajando la temperatura no es inmediata.

Lo más llamativo de muchas interfaces poco usables, como esta última, es que detectarlas puede ser más o menos difícil, pero corregirlas puede ser muy sencillo. En la calefacción, como decía el dibujante de Dilbert, sería mucho más sencillo que el usuario simplemente indicara la temperatura que desea, y fuera el sistema el que decidiera si necesita subir o bajar la temperatura.

Para muestra, un botón. O dos.

Un curioso detalle en el diseño de mi monitor, tan desagradable como evitable.

Os presento a mi monitor:

Mi monitor 

un LCD de 19″ panorámico, que se ve bastante bien. Pero tiene un pequeño (?) defecto; veamos los botones en detalle:

Detalle del monitor: botones 

¿Notáis algo raro? Efectivamente: el botón “abajo” está arriba, y el botón “arriba” está abajo.

Es posible estudiar teorías de diseño, de ergonomía, de usabilidad, pero muchas veces basta con usar el sentido común. Podéis imaginar lo difícil que resulta manejarse con botones así por los menús del monitor. Todo un reto que resultaría divertido como prueba de habilidad de un concurso, pero que es desesperante cuando quieres bajar el volumen.

Por mucho que lo pienso, no se me ocurre un motivo razonable para colocarlos así que no incluya algún tipo de sustancia ilegal consumida por los diseñadores del monitor. ¿Se os ocurre alguna motivación?

Una visión personal de WWW2009

Algunas curiosidades vividas durante la asistencia al congreso WWW2009 en Madrid.

Desde este miércoles, y hasta el viernes, estoy en el WWW2009 que se celebra en Madrid, un importante congreso internacional sobre la web. Podéis encontrar información más o menos objetiva en diversos sitios (la mía, en el blog de SQUaC), pero me gustaría dejar aquí algunos apuntes más íntimos de lo que se vive en primera persona.

Como por ejemplo…

  • Lo curioso que resulta asistir a un congreso con tal diversidad cultural; ¡incluso había algunos españoles!
  • Las risitas más o menos apagadas provocadas por el enjambre de periodistas que revoloteaban pendientes del príncipe Felipe y su esposa, encargados de inaugurar el congreso.
Fotógrafos durante el WWW2009
  • La cantidad de mensajes en Twitter sobre WWW2009 que le hacen sospechar a uno que hay más gente escribiéndolos que leyéndolos.
  • Que muchas de esas quejas hacían referencia a la lentitud y los problemas con la conexión WiFi, y algunos más la escasez de enchufes, como si no fuera previsible que eso iba a ser casi tan imprescindible como la comida.
  • Y hablando de la comida, tampoco ha sido especialmente abundante; eso sí, no faltaban colas en la mesa en la que se cortaba jamón.
  • La imagen surrealista del cierre de la jornada: la “Niña de los Cupones” (sic) bailando flamenco en el escenario mientras muchos de los asistentes asistían al espectáculo con su portátil encendido sobre las rodillas.

¿Será el jueves un día tan lleno de detalles?

Cinismo odontológico

Una imagen curiosa captada en las imágenes de Google Street View de Valencia.

Si estás en el dentista y oyes que la odontóloga dice algo como esto:

Este empaste te va a costar un dineral y no te va a servir ni para el turrón blando.

No lo dudes: te hallas ante una

'CINICA DENTAL', letrero en una fachada (imagen de Google Street View)

Cosas de la superposición de imágenes en Google Street View, en esta dirección de Valencia.

En la red hay muchas imágenes curiosas de ese servicio de Google; por ejemplo, en google.dirson.com o en DosBit.

[Actualizacion 11-feb-2009] Y si quieres ver algunas imágenes todavía más curiosas (pero menos auténticas), en Gizmodo (vía Menéame).

¡Feliz amigo invisible! (o no)

La tradición del amigo invisible nos ha llegado tan de repente, y se ha extendido tan rápidamente, que necesitamos su reglamentación y estandarización antes de que cualquier día lo veamos como causa de una noticia de la sección de sucesos.

Estas fiestas se repartirán miles de regalos de amigo invisible, que a priori es un gran invento, y más en estos tiempos que corren: en vez de devanarte los sesos en esa tarea maldita que es elegir regalos para familiares y amigos (y, lo que es peor, eligiendo cuánto te gastas), el destinatario del regalo y el precio del mismo te vienen asignados por designio divino. ¡Qué alivio!

Pero no nos engañemos, amigos. La tradición del amigo invisible (evolución natural  para llegar al pragmatismo desde el misticismo de los Reyes Magos pasando por el consumismo de Santa Claus) tiene sus peligros. La costumbre es tan reciente entre nosotros que muchos de sus aspectos están todavía difusos, y se mueven en un terreno etéreo que reclama a voces una estandarización por parte de ISO o, mejor todavía, un mandato de la ONU para evitar conflictos fraticidas.

Un regalo 'invisible'Si no dejamos claro el concepto de “regalo del amigo invisible“, podemos encontrarnos con algo como esto.

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